Yo quise a Malasaña
quise sus bares
llenos de parroquianos
de semana y media de
duración.
Donde no había lugar
para el dogma.
Quise a sus mujeres
con alfileres en las
venas
y a sus novios de
largas cabelleras
entre los sexpistols
y el Camarón.
Quise su noche nebulosa
de vagos recuerdos
y estrepitosos
despertares.
En un colchón
desvencijado
junto a un negro
puesto de crack.
Pero Malasaña,
Malasaña, la bella,
la traidora...
nunca me quiso a mí.

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